Al fin y al cabo, la propia vida empieza con una pequeña muerte. Salimos de una previda en el útero materno, de ese calor y esa seguridad, y con un corte de cordon umbilical experimentamos ese primer fallecimiento; esto no significa un fin, ya que realmente nada acaba nunca, sino un cambio de una forma bastante parecida al significado de la carta del tarot. De una existencia pasamos a otra, y objetivamente ninguna de ella es mejor que la otra.
Esto es lo mismo: pasas dias, semanas, meses pensando en llevar algo a cabo. Con nuestra mejor intención empezamos a cavilar sobre la forma y el contenido que esta idea debe tener; ¿Cual es el titulo adecuado? ¿Y el avatar correcto para expresar nuestras intenciones? ¿Debe tener un contenido personal o debemos limitarnos a hablar de temás que puedan interesar a los demás? Y un buen te das cuenta de que el reloj esta a punto de quedarse sin cuerda, y de que te has perdido en una laberinto de diseños vacios.
Asi que se acabó. ¿No tiene que empezar con una muerte? Pues que sea con la muerte de las dudas y las vacilaciones, ni siquiera me plantearé que cojones estoy poniendo en esta primera entrada de rigor. Aqui se va a hablar de lo que a mi me apetezca, de lo más abstracto o de lo más bajuno, de lo más divino o de la más terrenal. Al fin y al cabo mi cabeza, ni la cabeza de nadie, es un monologo que tenga un mismo tema las 24 horas del dia en la mente, asi que esto que pretende ser un reflejo de lo que me interesa o inquieta tampoco lo será.
Como si no lo lee nadie, o como si lo leen 500. Como si la gente se admira o como si lo toma como burla. Esto es lo más sincero que puedo hacer, ya que siempre he creido que si alguien tiene algo que decir no deberia callarselo porque nunca se sabe: igual a alguien hasta le resulta útil.
Y esto es todo lo que tengo, que al final es lo mismo que nada.
Que al final es lo mismo que todo.
lunes, 18 de mayo de 2009
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